domingo, 30 de enero de 2011

Triste destino de la Mujer Rayo

Ya había sido todo lo indirectamente DIRECTA posible.

“Es increíble Lucas que nunca haya visto a la Mujer Rayo”
“La Mujer Rayo y yo debemos tener casi la misma edad, ¿no? Y color de pelo, estatura, ojos, peso específico… ¿No, Lucas? ¡Qué coincidencia!”
“El otro día la Mujer Rayo se había hecho un corte en el hombro... ¡¡Y justo que me corté prácticamente en el mismo lugar!!”

Había besado a Lucas bajo mi identidad secreta, sólo para provocarlo.
Consecuencia de esto último: Lucas me dejó porque se sentía “confundido”.
Tardé mucho en comprender el  por qué del patético destino que me aguardaba lejos de mi enamorado, pero finalmente, tuve que asumir la triste verdad:

No era que a Lucas no le interesara que yo fuera la Mujer Rayo. No.
Era que no le interesaba que la Mujer Rayo fuera yo.

martes, 28 de diciembre de 2010

For anything erratic

No es la primera vez que digo que fue
la última vez.
Probablemente tampoco será la última.
Pero como esto no es un círculo, cada última es distinta,
es más fuerte, más robusta, cada última
es más última que la anterior, y por eso
se aproxima a la última última,
la última, en definitiva, definitiva.


(y entonces todo quedará en silencio)

viernes, 24 de diciembre de 2010

"Otro estúpido cuento de Navidad" - por Carolina Rabe


Mensaje de texto.
“Estas enojada?”
No, Manzana. Tiré el celular sobre la mesa y proseguí con mi ininterrumpido zapping. Cuando estoy alterada, no hay nada que me calme más que pasar los canales a toda velocidad.
Me temblaba el ojo. Nacho te odio. NachoteodioNachoteodioNachoteodioodioodiodio te… odio.
Quería llorar, pero yo no lloro. Y menos por un tipo. Un flaco, un pedazo de energúmeno. ¡Y yo le había dicho a Santi que no! Que no, por una excusa o por otra, había tenido que INVENTAR señores, INVENTAR UNA EXCUSA CONVINCENTE ¿y ahora qué? Ah, sí, al señorcito NACHO se le ocurre dejarme plantada por 13ava vez, sólo por un estúpido paro en Aerolíneas.
¡Hubiera vuelto antes! O mejor… ¡no se hubiera ido!
Mordí la funda del control remoto con fuerza; mucha rabia tenía. Que me llamara. Que me llamara y hablábamos. Y que me venga a joder ahora con la larga distancia desde Nueva Zelanda y no me veía más en su vida.
Pasaron unos minutos. Me quedé colgada viendo “Una Navidad con Mickey”. ¿Así pasaría mi Navidad yo?
Me compenetré en los dramas de la película y por eso me asusté un poco cuando sonó el tono de mensaje. Samy.
“Que estas navidades los encuentren junto a todas las personas que aman y que…”
¡SAMY! ¡Samy era mi salvadora!
Tecleé su teléfono a toda velocidad. Atendió al instante.
-…¿holaa?
-¡Tarada, soy yo, Caro!
-¡Feliz Navidad, Caro! Bueno, para más tarde, claro, porque todavía estamos en noche buena y…
-¡Escuchá! ¿Salimos hoy?
-…
-¡No tiene que ser ahora! O sea, en un ratito. Sí, ya sé que a vos te gusta pasarla con tus abuelos y todo eso, pero, ¿no sería genial pasarlo juntas?
-Pero… pero pero pero pero…
-¡Vamos Samy! –sabía que la iba a convencer. Siempre lo hacía. -¡Somos mejores amigas! ¡Tu mensaje decía eso, de pasarlo con los que uno quiere o algo así! Bueno, ¿no me querés?
-Ehm… si, pero…
-¿No somos mejores amigas?
-sssi… pero…
-Listo, ¡en un toque te paso a buscar!
-¡PARÁ! –gritó de repente. Yo, que justo había comenzado a ponerme las zapatillas, me quedé inmóvil haciendo equilibrio, con el hombro pegado a la oreja.
-¡PARÁ! –repitió. Siempre Samy con sus “peros”. –Yo ya dije que la pasaba en mi casa. ¡No puedo irme así como así, Caro! ¿Tu mamá qué opina?
-Mi vieja no está. Se fue a lo de unas amigas. Ni daba ir.
-Aparte hoy…¿¿¿hoy no volvía Nacho???
-Al final no. -¿por qué me hacía decirle todo eso? ¡cómo si a mi me gustara!
-Pero me dijiste que pasabas Navidad con él. Que no querías organizar nada. Y me hiciste decirle a Santiago que estabas con gastritis y que por eso no íbamos a su fiesta después de las 12.
-¿Vamos a hacer una cronología de nuestras vidas hasta hoy?
-¡No! Pero… es que yo ya no puedo.
-¿No podes qué? Te paso a buscar más tarde, ok, paso a buscarte por lo de tus abuelos, ¿está bien? ¿Querés castigarme por tener mala suerte? ¡Vamos a la fiesta de Santi! Le digo que me recuperé y listo.
Silencio al otro lado de la línea. Sabía que Samy estaba procesando mis palabras y que me iba a decir que si, somos inseparables nosotras y nada se iba a interponer entre…
-No. No puedo Caro. Arreglé para ir a desayunar con Damián después. No puedo cancelarle.
Fue como un golpe en el estómago. De verdad me iba a dar gastritis.
-¿Me… me abandonas? –le pregunté, apelando a su lástima. No funcionó.
-No puedo Caro… Perdón.
Me derrumbé sobre la silla y reboleé un pie para sacarme la zapa puesta.
-Ah… ah, okey. Bueno igual a mi no me gusta esta estupidez de la Navidad.
-Perdón…
-Nah, está bien, total todo es una garcha. Te dejo Samy, me tengo que preparar para mi noche. Te mando un besito.
-Caro, no me gusta que…
-¡Chau, chau, un besoo!
Y corté. La cocina quedó en el más absoluto silencio.
“Estúpida Navidad”, murmuré. Al ver a Mickey en la pantalla, apagué el televisor de inmediato. “Estúpidos especiales navideños.”
  Era una situación espantosa. Nadie me quería, a nadie le importaba. Mi mejor amiga, me abandonaba. Mi vieja, a la mierda con las amigas. Mi no-se-que llamado Nacho, en Nueva Zelanda. Y Santiago, creído que estaba enferma. Todos mal, todos equivocados, todos tomando malas decisiones…
Miré el pan dulce que mi madre había dejado sobre la mesada. No me gusta el pan dulce. Las almendras sí, me vuelven loca. Pero este no tenía.
No me molesté en prender la luz, así que la estúpida cocina se fue quedando a oscuras. Saqué una cerveza fría de la heladera, y volví a prender la tele, a tiempo para ver al señor Scrooge entrar a la casa de Mickey con un pavo para la cena.
Me quedé mirando la estúpida escena como hipnotizada.
Hasta que me calcé las zapatillas y metí el pan dulce en la mochila a toda velocidad.


Eran las 23.45 cuando toqué timbre. Había tenido que correr como una desquiciada. Me abrió la puerta una señora mayor. Caí en la cuenta de que nunca había avisado que iba.
-¿Si?
-Hola… -me tomé las rodillas para respirar. –Perdón, señora, yo soy… soy una amiga de Samy, me preguntaba si…
-¿Caro? –preguntó Samy asomándose por detrás de su abuela. -¿Qué haces acá?
Samy siempre hacía esas preguntas complicadas de responder.
-No sé. Traje pan dulce.
La señora se rió y me dejó pasar. Y entonces vi la casa y vi porque a Samy le gustaba pasar la Navidad ahí.
Estaba todo adornado de rojo y dorado, con muñecos navideños en las mesitas, y, en el living, donde habrían alrededor de quince personas más, una mesa enorme con todos los dulces de navidad que me gustan.
-Se aplastó un poco… el pan dulce digo. –comenté cuando lo saqué de la mochila. La abuela de Samy lo tomó sin agregar nada y me condujo a la sala. Samy estaba cagada de risa, pero yo estaba demasiado absorta en la comida como para sentirme avergonzada.
-¿Por qué viniste? –me preguntó Samy después.
-Por la comida. –le respondí yo, y, aunque Samy sabía que no era verdad absolutamente, ninguna de las dos se molestó en aclararlo, como buenas amigas que somos, o como buena amiga que soy yo de ella.
Ton, ton, sonaron las doce, brindamos, todos felices cual familia Ingalls. Sólo un ratito después sonó mi teléfono y era desde un número desconocido.
-¿Hola?
-¿ho… la… aro.. mo, estás?
-¿¿¿Nacho sos vos??? ¡Se te escucha re cortado!
-la… sí… oy yo. ¡Feliz Navidad!
Se me hizo un nudo en la garganta. Ya no me importaba que me hubiera dejado plantada. Ya habría tiempo para reclamarle después.
-Feliz Navidad para vos también.
-¿Hola, me escuchás mejor? ¡Estoy en el aeropuerto todavía! ¡Si duermo acá tal vez puedan meterme en un vuelo que sale de madrugada! Si llego antes de las 00hs de hoy, ¡todavía estaría llegando en Navidad, ¿no?!
Considerando el tiempo de viaje, eso parecía improbable. Sin embargo, no me dio mencionarlo en ese momento.
-Está bien. Te extraño, ¿sabías?
Sentí su risita al otro lado.
-Yo no. Nos vemos. Pronto. Por cierto, te tengo que cortar, porque esta llamada me va a salir una fortuna…
Me reí.
-Está bien. Nos vemos. Pronto. Te… -y la comunicación se cortó antes de que pudiera terminar.
Estaba en el patio. Miré hacia arriba donde estallaban los fuegos artificiales. Samy vino caminando desde la cocina.
-Le pregunté a Damián si no prefería que desayunáramos acá. Mis abuelos no tienen problema y total, ahora todos se van…
Asentí, sin comentar nada. Me habían pasado muchas cosas esa noche.
De repente, Samy puso un pequeño paquete sobre mis rodillas.
-Tu regalo de Navidad.
Me puse ligeramente colorada.
-Ehm… Nosotras no nos regalamos nada, ¿o sí?
-Tranquila, escondí un regalo en el baño para que me regales después.
Sonreí al tiempo en que desenvolvía mi regalo. Era una caja de bombones de almendra.
-¡Mierda! ¿Cómo te acordaste de que me gustan las almendras?
Samy se rio mientras miraba para arriba.
-Bueno, y yo creía… -murmuró. –Que nadie sabía que a mi me gustan las castañas de cajú.
-Yo no lo sabía… -respondí por lo bajo. Samy me guiñó un ojo.
-Espera a ver el regalo que me compraste…

martes, 10 de agosto de 2010

¿Un cuento con cuántas alas? (By N. Kevvel)

"(...)
Y me pediste que te escribiera un cuento. ¿Un cuento con cuántas alas?
Con las que quieras, me respondiste, y yo cerré los ojos y me fui. Y ahí como estaba, enfundada en nubes con perfume a cereza, me puse a pensar en vos, y cuando pensaba en vos, pensaba en mí, y si me llamabas con tu voz, volvía amor, pero estabas dejándome volar. Como te gusta. Como soy tuya más que de nadie, y casi tanto como de mí.
Y cuando vos me pediste un cuento, yo me quedé, y me quedé en suspenso, porque no te gustan mis cuentos, no te gustan mis metáforas. Entonces, ¿por qué un cuento? ¿y con cuántas alas? Pero quise regalarte algo con luz cuando empecé a escribir, entonces, si voy despacio, si te cuento desde el principio, por ahí vos, que te gustan las cosas ordenadas, le busques un lugar entre las cosas perdidas que un día vas a volver a mirar.
Despacio. No te me vayas.
Y empieza como toda historia por el principio, cuando viniste a mí con una sonrisa segura, y yo te devolví el gesto de un celular mal anotado. Pero bueno, quizás fue una prueba, quizás fue el comienzo, una complicación de números para el matemático, una complicación de corazón para la escritora, que hacía mucho había dejado de escribir. Alcanzó pisar fuera de la burbuja para pensar “Que lindo y ya se fue”, y pasaron tres días en que “fue” fue verdad.
Después de todo, la alcanzó un flechazo a la distancia, y no fue su simpatía, ni su belleza, fue la paciencia de un amor con ternura, que tenía más de tiempo que de arrebato, que administró los impulsos de ella de forma que él alcanzara a ponerlos en algún orden en la biblioteca… pero hay veces que no sabe dónde ponerlos, de dónde va a tener que sacarlos y de dónde van a salir.

Porque fue así, que él vino en cajita, con una cinta y listo para que ella lo descubriera, pero despacio, sin prisas que le nublaran el entusiasmo, y fue sacando un papel tras otro, fue maravillándose, fue abriendo cajitas, fue destruyendo muros, fue construyendo ventanas…
El packaging de ella era menos convencional, no la vendían en las farmacias, no era remedio para nada, y mucho menos solucionaba problemas de la vida: no, no, los creaba. No venía con instructivo y todavía él se pregunta cómo carajos funciona y ella no sabe qué responderle.
Pero aprendieron cosas. Aprendió él que con un beso tiene media batalla ganada, aprendió ella que no siempre puede hacerlo reír y salvarse del problema, pero casi que sí; aprendió él que el amor no tiene muchas explicaciones y no conoce de planes ni de listas a resolver, ella aprendió que las metáforas también pueden ser formas de no decir nada, y que lo que le tiene que decir es simple, es breve y ya lo sabe…
Por eso este cuento tiene muchas alas. Porque gusta dar alas a los sentimientos, aunque se vayan lejos; dejálos, sé a dónde van aunque no hayan estado nunca ahí, saben su camino, tienen su propio mapa, su propia guía T, aún cuando haedo quede fuera de la guía T…"


N. Kevvel (Memorias de Voz, Ed. Grupo Z, 2009)

miércoles, 21 de julio de 2010

Firmamento de mi Sol



De todas las cosas que te dije, descontalas;
dejanos a solas el firmamento.

Te quiero pero es tarde, amor, y estás lejos.
Como si fuera un cuento, solta estas hojas, vas a ver:
se las lleva el viento. Hasta donde estas vos,
hasta donde te encuentro.


Enredame ahora, camina sin prisa por tus pasos,
quema mi sangre, quemala en tus brazos.
Y así en silencio te voy a cantar una canción bajito,
como en sueño, te vas quedando, te vas durmiendo, y sos mi estrella,
una estrella que titila mágica en el firmamento.


Dejá correr sola la candencia de tu voz,
y me voy quedando dormida en mi abrigo de sol, que sos vos,
No tengas miedo, no hay relojes, no suenan las chicharras,
se escondieron lejos para no interrumpir la canción,
y estás hecho de aire y te suelto,
lindo, hermoso, te vas volando, te vas volviendo,
a donde te esperan mis manos, abiertas,
a donde se alborota mi sangre, despierta,
a donde tu refugio es el claro de mis ojos,
a donde la distancia no se corta sola y no nos deja solos.

viernes, 16 de julio de 2010

MCS07 - (sin título)

No tuvo miedo porque tenía su mano
y en la oscuridad pudo ver
que el brillo se extinguía de sus puspilas
que las sombras comenzaban a caer.


Quiso gritarle que no se fuera,
Quiso retener su mano.
La brisa le solpló la distancia,
en el frío sus dedos se soltaron.

jueves, 15 de julio de 2010

A dónde te voy a llevar, Lejos.-

A dónde te voy a llevar, lejos?

Si estás acá, sos tatuaje en mi piel.
Silencio, no escuches, no hagas ruido.
Sentí la magia vibrar sin sonido.
Quedate acá, dejame rodar por tus mejillas
Y así no me despierto, así me quedo.

Me escuchás? Vos sabés.
Estás acá, no importa lo que te diga.
Aprendí un día a negar con la frente
Dejando sola la lata de mi corazón
Vos sabés. Vos sabés lo que siento.
Y hay días incluso que lo sabes antes que yo.

Y desearía no imponerte mis silencios, mis enojos.
Pero tardo en aprender asalir de mis embrollos.
Teneme paciencia.- (si no me la tenés vos...!).

Y no te olvides de que
Cada instante, Cada momento
Para mí sos vos y te llevo dentro.

Así que fijate cuando cruzás la calle.
Cuidate cuando te tomes el tren.
Esas son cosas fáciles, y de todo eso depende mi universo.

Mi universo, el universo...

Por eso, no te lo olvides. Porque yo no me olvido de vos