La música vibró, sublime.
Uno, dos.
Los pasos, la madera bajo mis pies, tan cálida, tan firme, tan ajena al paso del tiempo.
Uno, dos. Dos, tres.
Mientras me estiro, me parece que vuelo, que pierdo materia que gano en aire, en espíritu. Y ya la punta de mis pies está al borde del abismo, al borde de soltarse, de soltarme a la gravedad infinita.
Uno, dos. Dos tres, dos, cuatro.
Y creo que el ritmo de la música y mi corazón son uno, que ese ritmo nació para mí de una canción, del principio de los tiempos, casi casi como mi alma.
Uno, dos. Dos tres, dos, cuatro tres dos, cinco.
Ya no quiero saber mi nombre… Ni mi pasado, ya no quiero paredes ni cajas de cartón donde oxidarme. Giro y me vuelvo a estirar y sonrío a mi público imaginario, que me devuelve la mirada desde el espejo, maravillado, feliz y eterno.
Uno, dos. Dos tres, dos, cuatro tres dos, cinco. Cinco, seis, seis siete.
Y ya casi se me acaba la hora que uso de la sala, un minuto más, un segundo más…
Uno, dos. Dos tres, dos, cuatro tres dos, cinco. Cinco, seis, seis siete, ocho.
Trato de alcanzar el techo, de hacerme gigante, de llegar antes…
Uno, dos. Dos tres, dos, cuatro tres dos, cinco. Cinco, seis, seis siete, ocho. Seis siete, ocho nueve.
Empiezo a escuchar el tic tac del reloj como si hasta entonces se hubiera mantenido callado. Una bocina, el golpe en la puerta, risas de fondo…
Uno, dos. Dos tres, dos, dos tres, dos, dos… Dos…
- ¿Se puede pasar? –pregunta una chica de mi edad y abre la elegante puerta de vidrio. Detrás de sí, unas niñas rosadas en vueltas en tutú me miran asombradas.
Parpadeo.
Cecilia. Mi nombre es Cecilia.
…
¡¡Y estoy llegando tarde a la oficina otra vez!!
Me calzo las zapatillas a toda velocidad, lanzo la ropa al bolso, me lo cargo al hombro y corro a la salida, apenas deteniéndome para saludar a Jimena, la administradora.
“Dios mío, ¿otra vez? ¡¿Se puede saber en qué me quedo pensando?!”
lindo relatoo, es la descripción perfecta de lo que se siente cuando una trata de distenderse =)
ResponderEliminarbesoo