Entonces vi una espalda. La espalda de una persona.
Una sola no, dos.
Y me paré de costado y lo ví, eran muchas y muchas personas mayores una parada atrás de la otra.
"Qué raro."
-¿Qué hacen? -le pregunté a la señora que estaba adelante.
La señora se dio vuelta despacio y tardó en encontrar de dónde provenía el sonido. Bajó la vista y ahí sí me encontró. Bufó.
-Es evidente. Esperamos.
-¿Y qué esperan?
-A que llegue nuestro turno. -dijo y después me dio la espalda otra vez.
Volví a mirar de costado, la fila seguía y seguía y se perdía en el horizonte.
No entendía. ¿Turno para qué?
Me giré y tironeé de la manga de la señora. Esta vez no tuvo que buscar con la mirada.
-Y... ¿por qué?
Volvió a bufar. Hacía el mismo ruido que el perro de mi abuela, que ya está re enfermito pobre, y no puede ladrar, entonces va por ahí diciendo "buf, buf".
-Porque nos dijeron que teníamos que esperar. ¿Por qué no te vas a jugar por ahí, nena?
Esa conversación me parecía muy tonta.
-Pero, ¿por qué?
-Son cosas de adultos, nena. Y ahora, shhhh... -dijo y se puso mirar al señor de adelante.
Inútil tratar de atraer su atención otra vez. No hubo caso. Salté y le hice "hola" con los brazos justo frente a su cara, pero nada. Era como si ya no existiera más, yo.
No me rendí. Yo quería develar el misterio. Además, ya venían tres personas más a sumarse a la fila.
Comencé a caminar hacia adelante. La fila seguía y estaba compuesta por más y más adultos. No había ningún nene.
Les pregunté a un montonazo. Yo creo que debe de haber un libreto para ser adulto. Como cosas que los adultos "deben decir". Y muchas de esas cosas deben empezar con "no". "No grites, no saltes, no llores, no hables, no te pares así, no dibujes allí, no cantes, no te rias, no mientas...". Todo no. Y ellos... Todas esas personas de la fila debían de ser muy adultas porque yo les preguntaba, y ellos respondían todas cosas parecidas... "Esperamos a que llegue nuestro turno... No interrumpas... No molestes... Tengo que prestar atención porque tal vez sea el próximo... Andá a jugar... Andate a otro lado... Andate."
Yo ya les estaba por hacer caso. Eso que estaban haciendo debía ser muy aburrido. Y entonces me di cuenta de una cosa: había un señor que estaba tan aburrido como yo, porque me miraba y bostezaba.
-¿Qué hacen señor? ¿Por qué están acá?
El señor pegó un saltito en el lugar y miró a su al rededor con miedo. Después acercó su cara y me dijo "chhhhsssss".
Entendí que quería que hablara bajito.
(-¿Qué pasa señor? ¿No se aburren de estar acá?)
(-¿Aburrirnos? ¡Claro que sí!)
Lo miré sorprendida. Era un viejito de ojos azules, pero así asustado parecía un nene como mis amigos de la escuela.
(-¿Y qué esperan?), susurré más bajito aún.
Miro para todos lados otra vez y me dijo al oído.
(-Nadie lo sabe, nena. Eso es lo más triste. La gente ve la fila y simplemente se pone atrás, porque cree que tanta gente adulta no se puede equivocar.)
Lo miré horrorizada.
(-¡Pero señor! ¡Entonces, ¿qué hace acá?! ¡Váyase! ¿Quiere venir a casa, a cenar? Mi mamá va a hacer milanesas y...)
(-¡Chhssss! ¡¿Estás loca?! ¡¿Y si justo el próximo es mi turno?!)
este texto me encantó! me hizo acordar a los que leía cuando era chica y que dejaban una enseñanza jaja... aparte es otra temática, me atrapó desde el principio porque yo tmb quería saber qué esperaban ;)
ResponderEliminarbesotee!