domingo, 20 de junio de 2010

One Life

Cristián fijó la vista en el cañón de la pistola y no dijo nada.

-¿Por qué, Cristian? –sollozó ella sin dejar de mirarlo. -¿Por qué? ¿Por qué tuviste que hacer las cosas así?
Él quiso negar con la cabeza y desviar los ojos pero el terror lo había paralizado. Deseó estar muy lejos de allí, deseó no estar protagonizando lo que estaba sucediendo.
-¿Por qué? –dijo ella, sosteniendo el arma igualmente de firme. -¿Por qué dejaste que todo eso pasara? ¿Por qué no hiciste nada?
Cristian no podía pensar. La garganta se le había secado. Deseó que todo ello acabara, y pronto.
Muchas veces había pensado cómo moriría. Pero siempre habían sido ideas lejanas, sobre algún accidente luego de los sesenta, o alguna insuficiencia física producto de una vida de excesos. Pero no así.
Ella tragó saliva y él se percató que, a pesar de las ligeras notas de histeria en su voz, ella no había derramado ni una sola lágrima.
Pasaron unos segundos.
-Nunca entendiste. –dijo ella. –Nunca entendiste nada. Te alejaste de todo aquél que pudiera ser un involucramiento para vos. “No quiero involucrarme”. ¿Qué tan “desinvolucrado” estas ahora, eh? ¿Qué vas a hacer, solo? ¿De quién más te vas a alejar?
-Basta. –la interrumpió con los puños apretados. –Si vas a hacerlo… Hacelo de una vez.
-¿Qué te molesta que hable? ¿Tenés miedo de sentir alguna emoción antes de morirte?
-DEJÁ DE TORTURARME. Hacé lo que tengas que hacer.
-¿Tan poco valor le das a tu vida que te molesta que la prolongue?
Se quedaron en silencio. Él no soportaba más. Las piernas no lo sostenían, pero no iba a darle el gusto a ella de dejarse caer. Que lo matara. Que dejara de disfrutar de su estúpida situación de poder y lo matara de una buena vez.
- ¿No me escuchas, no? –murmuró ella con tristeza y bajó levemente el arma. –No me estás escuchando. ¿Sabés por qué estoy acá, lo sabés?
Él negó con la cabeza.
-No, claro, no lo sabés. –ella volvió a levantar el arma y lo apuntó a su frente, mientras él trastabillaba, alarmado. –Afectate. Dame una reacción. Dame una emoción, por favor… Demostrame que podés…
-Basta. Basta por favor… Terminá con esto…
-Defendete.
-No… Vas a matarme de todas formas, porque sos una resentida, porque…
-¡No soy una resentida! Te estoy enseñando.
-Estas loca. Loca completamente.
Ella suspiró deprimida.
-No me dejas alternativa. No me la dejas, Cris, ¿te das cuenta?
-Por favor…
Ella se paró firme en su lugar y clavó su mirada en las pupilas de él.
-Voy a despertarte, ¿me oís? Voy a traerte a la vida. Y para eso, a estas alturas, sólo hay un camino. Mucha suerte, Cris.
Y entonces, antes de que él dijera nada, todavía anonadado por lo que acababa de oír, el ruido de un disparo reverberó en el aire.
-¡NO!
Un segundo. La bala quedó suspendida justo a unos milímetros de su frente. Un viento frío lo envolvió todo y sintió que su cuerpo se elevaba por los aires.
Luego cayeron sus manos sobre las sábanas y se despertó sobresaltado. Temblaba y tenía la camiseta pegada al pecho.
Intentó compensar los latidos de su corazón y recuperar el aire lentamente. Sólo un sueño. Una pesadilla. Había comido demasiado. Sus ojos se detuvieron en la ventana, donde el sol naciente despertaba un brillo color sangre en la cortina.

Suspiró. Estúpida resentida.

1 comentario:

  1. ayyy, q locaa!!!! parece un capitulo de Mujeres Asesinas!!!!...jaja
    muy bueno cyn!!!!

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