sábado, 30 de enero de 2010

Estación

Hay manos que te empujan a los andenes
Y te quedas como quieto, a la espera
Aunque falten siglos para que pase ese tren.

Hay trenes que no llevan a ningún lado, haciéndose de la tierra misma
Dueños del viento, crudos de cientos de verdades
Y vuelven a enterrarse a los metros,
Presos del pánico de tren, presos de su destino
De morir amalgamados con el todo.

Hay calles que conducen por pasadizos misteriosos,
Y vos apretás el paso, con curiosidad,
Porque allá al final hay una forma distinta,
Algo que se mueve, que cruje, que está vivo,
y es sólo otro tren capaz de arrastrarte, ¿quién te dice? Hasta la próxima estación.

Una estación, tu estación; un boleto, un tren. Y las vías que siempre siguen.

martes, 26 de enero de 2010

Es PARA PEGARLE

Sí, conocen a ese tipo de personas. Esas que tienen (sin lugar a dudas) la mejor intención del mundo, pero sin embargo en determinados momentos esa “mejor intención del mundo” cae como el o%$• y uno se plantea seriamente el homicidio.
“Si la enveneno… si la estrolo contra la pared… si la empujo por las escaleras…”
Y la pobre santa nos mira y –lo más imperdonable de todo- nos COMPRENDE, y nos tiene paciencia. ¡DIOS! Desearía que vos y tu optimismo se enterraran en el mismo centro de la tierra, que tu cerebro se recalentara, explotara y salpicara las paredes, que…
Pobre, ¿no? ES una santa. Pero insoportable.
Tenes el peor día de tu vida. Tu perro te meó los zapatos nuevos. No había comida en la heladera para llevarte. Pasaron cuatro 47 de largo y llegaste cuarenta y cinco minutos tarde a la oficina. Obvio, todos eligieron ese día para llegar antes que vos (ya habías visto los dos ascensores del edificio estacionados en el quinto piso –no podía ser de otra forma).
Todos se mantienen lejos. Te CONOCEN. SABEN que no deben acercarse.
Pero ella hace caso omiso al cartel de neón que tenes en la frente de “HOY no me joda NADIE”. No, no, no sé si pertenecerá al Cuerpo de Paz, a la Cruz Roja o a Greepeace. No lo sé.
Sólo sé que ella viene, ¿no?, y la desgraciada tiene la mejor intención del mundo, pero viene y ahí, ahí no más te suelta su frase de cabecera “¿Te pasa algo?”.
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
Te hace un café. Te abanica. Te prende la luz de la mesita para que veas mejor. Vos ya no sabés qué hacer con ella, aparece tipo Droopy por todos lados. Si la dejaras, te lustraría los zapatos, te llevaría a pagar esa factura del teléfono que se venció hace un mes y medio, y llamaría a tu novio por vos.
Hasta a veces logra que se despierte tu cuasi nulo espíritu de mártir y pensás en matarte, sólo para no matarla. Tu día sigue siendo catastrófico: salteaste el almuerzo, a tu mejor amiga le vino, no hay coca, hay pepsi…
Pero ella. Ella tiene solución a todo. Y no entiende que vos no querés soluciones, no, a esta altura del partido lo que menos querés es soluciones simples y sensatas… Una solución simple y sensata a estas alturas sería una granada.
Y ya llegando casi al final de este relato me doy cuenta de que uno después de todo se termina encariñando con estas personas. En nuestra historia imaginaria también va llegando el final del día y sin saber cómo, ella acaba de convencerte de que termines tu trabajo mañana y te vayas a tu casa.
Suspirás. Afuera empieza a lloviznar y pegas la nariz al vidrio de la ventana.
-Nos vamos a mojar. –decís con aire taciturno.
-¡No importa: traje paraguas! Es re linda la lluvia de verano.
Linda. Ella dijo “Linda”. Estas con sandalias chatitas en una zona inundable. Hace frío y, por supuesto, tenés dos colectivos y diez cuadras hasta tu casa.
La mirás con ganas de comértela cruda pero entonces te das cuenta de que la desgraciada está sonriendo, sonriendo de oreja a oreja mientras te ofrece su paraguas… Y de alguna forma inexplicable te encontras sonriendo vos también, con las mismas ganas de matarla, eso seguro, pero sonriendo por primera vez en ese día de mierda…

sábado, 23 de enero de 2010

De plástico, de arena, veneno y miel

Acá estoy, con mis penas sobre héroes de plástico y mártires hipotéticos.

Tratando de olvidar memorias adulteradas y presentes corroídos por un tiempo que nunca les sucedió.
Reflexionando futuros de patas cortas, horizontes de veneno y miel.

Hasta que mis manos cesen el recorrido. Hasta que los párpados se cierren para viajar a ese mundo que no alcanzan en la realidad. A soñar héroes de plástico y mártires hipotéticos en una nuble blanca, de algodón de azúcar.

Porque allí, en ese universo, el héroe posa la vista en el horizonte y sus piernas de plástico ceden a la voluntad del viento y un mártir hipotético y engreído crece en la oscuridad del silencio, toma mi mano, se acerca a la ventana e, inesperadamente, se convierte en héroe.

lunes, 18 de enero de 2010

ST 45º

Sé que hay vida allá afuera. Sé que alguna vez la hubo.
Estoy tirada sobre la alfombra de mi cuarto. Me estoy derritiendo literalmente, y sospecho que ya soy parte del suelo, de forma que estamos haciendo un sándwich entre lo que un albañil un día construyó como entrepiso, la alfombra y yo.
Llueve. No estoy tan insonorizada como para no oír la lluvia, el viento arreciando contra la casa, pero parece que las paredes aún no van a caerse y mientras eso no ocurra…
Me doy vuelta y me arrastro hasta quedar debajo del aire acondicionado. Aire. Aire. ¿Se habrá inundado el patio? ¿Tendré que cerrar las ventanas de abajo?
No sé cuánto tiempo ha transcurrido. No voy a salir. He decidido quedarme aquí hasta que termine el verano. No iré a trabajar. Ni siquiera creo tener energía para llamar y avisar. ¿Seguirá funcionando el mundo allá afuera?
Creo que no. Me imagino un montón de masas uniformes arrojadas pansa arriba bajo ventiladores, rogando por una brisa que no existe, intentando simular que siguen vivos, esperando, siempre a la espera de que baje la temperatura mágicamente… Pero eso también es una utopía.
Mi perro aúlla. ¿Le habré dado de comer? ¿Cuándo fue la última vez?
No comeré. No beberé. No tengo fuerzas; no puedo salir de aquí.
¿Qué se sentirá tener a la humanidad así, esclava de la tecnología?
Estoy empezando a pensar que esto puede ser una especie del complot.
Sí. Ya veo la lucecita roja del aire acondicionado. Es como en la película •Yo, Robot•.
Somos sus esclavos. Me miro y me doy cuenta en el estado penoso en que me encuentro. Y entonces lo sé, lo sé, el aire acondicionado me está dominando, tengo que vencer la fricción de la inercia y salir al día pero…
No puedo. ¿Cuánto tiempo pasó? ¿Unas horas? ¿Unos días?
Tengo que salir. Tengo que salir. ¿Estará toda mi casa inundada? No importa. No importa. No puedo dejar que las máquinas ganen.
¿Salvaré al mundo si me levanto?
Esa idea me da fuerzas.
Intento levantar un brazo y se cae. Lo intento otra vez, en esta ocasión con un poco de seriedad. Y me levanto.
Siento la cabeza como en un samba pero no me importa; me derribo sobre el picaporte, lo bajo, sí, consigo abrir la puerta de par en par, miro hacia fuera y…
Calor.
Mucho calor.
Cierro la puerta.
Me derrumbo sobre la cama. Miro hacia la lucecita del aire acondicionado y, antes de volver al estado de sopor previo, logro articular:
-¡PERO AÚN NO HAN GANADO LA GUERRA!

miércoles, 13 de enero de 2010

Azar (4 YDC)

Arrojó la moneda una vez y tuvo el rostro de ella entre sus manos.
Otra vez la moneda giró y se paró solo en una esquina, a mirar el tiempo pasar en su reloj.
Otro giro, sus lágrimas, sus besos, el recuerdo…
Cara, su mano, las manos de ella, y esas palabras imperdonables.
Seca, la música que se detiene, los ojos de una perfecta desconocida, y ese deseo imperioso de dejarse caer, de olvidarse de todo, o de correr, de correr hacia ninguna parte…
Y entonces, él atrapa la moneda.
La atrapa y se la queda mirando y detrás de la moneda ve el rostro de ella, ve la promesa y ve el adiós.
-¿Qué ocurre? –pregunta ella.
Y él no sabe qué contestarle, sólo le pasa la moneda en silencio. Ella la observa un minuto, luego se ríe y la arroja al aire.
-Pero… ¿qué estás haciendo? –exclamó consternado. -¡Esa moneda decide nuestro destino!
La moneda caía como en cámara lenta, al tiempo en que ella se aproximaba hacia él, sonriendo.
-Nuestro destino… -murmuró acercándose (y la moneda tintineaba en el piso) –Es no tener destino.
Las pupilas de él se reflejaban con toda claridad en los ojos de ella.

Cara.

lunes, 11 de enero de 2010

Sobre sinceridad, hombres y otras hierbas.

Me acomodé el relleno del corpiño porque esa porquería ya se estaba saliendo.
-¡Y entonces…! –continuó Samy, golpeando los puños sobre la mesa. -¡Ella dice que él le dijo que yo le gustaba y todo, y que saldría hipotéticamente conmigo si yo... escuchá esto, ¡si yo no fuera tan inteligente! –soltó un bufido y se me volvió hacia mí. -¡¿Vos entendés algo?!
Comencé a pintarme la uña del dedo índice. Rojo furioso. Mejor que el rojo fuego, pero me seguía haciendo muy pálida, yo no sé por qué…
-¿Caro, me estás escuchando TARADA?
Suspiré. Y miré las uñas a la luz.
-¿Y no es verdad?
Parpadeó como en trance.
-¿Qué cosa?
-Que sos más inteligente.
-Bueno… Bueno no sé, ¡qué se yo!
Pobre Samy. Es tan básica en algunas cosas. La miré y me dio tanta pena que me desconcentré de mis uñas.
-Samy cuando hablan, ¿quién lleva la conversación?
-Bueno… Bueno, él no habla mucho, pero porque es tímido..
-Tímido… ¿Y los chistes? ¿Quién hace los chistes?
-Bueno algunos los hace él, algunos los hago yo…
Me reí.
-Sí claro, ¿Cuántos “jajaja” cada uno?
-No entiendo.
-Messenger. ¿Cuántas veces pone “jajaja” cada uno?
Se quedó boquiabierta, tal vez haciendo cuentas. Pinté tres uñas más hasta que ella se resolvió a hablar.
-Bueno pero…¿Qué tiene de malo si soy divertida?
Dios mío.
-Ay Samy ahora entiendo todo.
-¿Qué hice?
-Lo aturdiste. Lo saturaste. Lo desbordaste de cosas buenas. Sos divertida y sos inteligente. ¡Por favor! ¿No te enteraste? Los hombres no buscan minas más inteligentes que ellos. Sienten que no tienen el control. Que estamos un paso adelante. Que nunca nos van a poder pasar en nada.
-Pero yo no quiero que me pasen…
-¡Imaginación, pleeeaase! –exclamé indignada. –No estoy diciendo que te tienen que pasar, digo que tienen que creer que pueden hacerlo.
Samy se dejó caer de frente contra la mesa.
-Hice todo mal.
Soplé sobre mis uñas… Con la derecha iba a necesitar ayuda.
-¿Me pintas las uñas de la derecha? No tengo pulso. –Samy levantó la cabeza de la mesa y le pasé el esmalte. –No hiciste todo mal, bueno, tal vez sí, pero para el próximo ya vas a saber…
-¿El próximo? Pero a mí me gusta Dami..
-Lo que tenés que hacer. –la interrumpí antes de que empezara otra “Oda a Damián”- Es dejarlos hablar a ellos. Si no hablan, no tienen interés y no perdés el tiempo. Y si hablan, seguiles la corriente… Reírte de sus chistes, esas cosas… Les encanta que te rías de las boludeces que dicen como si fuera lo más gracioso del mundo… Reíte de tres chistes malos y ya te quieren llevar al telo en limusina…
-¡Yo no quiero que me lleven a un telo! Bueno, no de una...
-¡Me pintaste el dedo, mamerta! ¡IMAGINACIÓN, SAMY! Te estoy enseñando cosas grosas y vos parecés más preocupada por el chavo…
-No puedo concentrarme con la tele encendida.
-Bueno pero, ¿entendiste? Una chica bonita y un poco boba es un buen perfil. Dejalos ser los inteligentes, lo disfrutan mucho más que nosotras…
De repente, suena el celular de Samy. “I’ll always love you”, puaj.
Fue corriendo.
-¡Es Damián, Caro! ¡Me pregunta si puedo ayudarlo con el trabajo de Proyectual!
-Felicidades. –murmuré corrigiendo con el dedo un leve relieve en la uña.-Acabas de recibirte de mejor amiga.
Todavía no entiendo por qué Samy me revoleó un almohadón y salió dando un portazo, ofendidísima.
Encima que una es sincera…

viernes, 8 de enero de 2010

Enojada (hay veces que...)

Esos días en que se despierta con ganas de pelearse con alguien.
Cualquiera da lo mismo en este caso, ella sólo abre los ojos desde temprano ávida de vícitma, SU víctima, ávida de gritos, de desconcierto general.
Entonces se pasea por las calles fulminando a todos con la mirada pidiendo, rogando, por un motivo, una sola razón que le de esa justificación a medias que necesita.
Sedienta de sangre.
Y si no encuentra motivos (porque la gente suele presentir un aura oscura a su alrededor en esos días y la evita) quizás... quizás provoque ese conflicto, por qué no? en cuyo caso luego perderá un poco la gracia hacerse la inocente y se sentirá culpable, pero en principio es perfectamente funcional al objetivo.

"Dame un motivo, un sólo motivo... Cruzá mi límite medio milímetro y te juro que..."

Afortunadamente (para todos menos para ella -pobre) ya la conocen y la dejan estar y hasta le permiten sus pequeñas maldades (quizás hizo algo bueno para ganarse esa paciencia).

Sólo hubo uno que era distinto pero eso fue hace siglos. Hubo uno con quien esos estados coincidían en días y horarios y jugaban a ver quién gritaba más fuerte (mientras los papeles y las lapiceras corrían a esconderse).
Pero fue hace tanto que casi ni se acuerda...
Él nunca conoció sus pupilas después del atardecer y sólo por eso ella recuerda su pelo tipo carlitos balá y suspira enamorada..

jueves, 7 de enero de 2010

Inaugural (viva, viva!)

Tiene las pestañas amarillas.

Tal vez eso signifique algo especial, pero le trae muchos, cantidaaad de problemas. Ud preguntará por qué. Y ella lo mirará con cara de sabelotodo y cambiará de tema (ud, evidentemente, no está a su altura).

Pero yo le voy a contar, ahora que ella no está mirando. Hay veces, unas pocas y bien planificadas por los hados, que a la luna se le antoja bajar a la Tierra a conocer a sus súbditos (hay una creencia popular que dice que es ella quien gira al rededor de la Tierra, pero son mitos). Y entonces canta una canción muy suave, llena de tristeza, y las tortas exquisita no elevan en los hornos. Una muchacha cualquiera en un duplex cualquiera de Buenos Aires va a llorar y va a decir que es imposible cocinar, que nunca puede hacer nada bien de una y bla bla bla.

No le den mucha bolilla (sólo empeorará las cosas). Tampoco cuando les diga que es especial y que tiene pestañas amarillas de andar siempre mirando al sol. Eso es tan verdad como que la Luna gira al rededor de la Tierra.

Pero shhh... Eso es un secreto entre ustedes y yo.