Esos días en que se despierta con ganas de pelearse con alguien.
Cualquiera da lo mismo en este caso, ella sólo abre los ojos desde temprano ávida de vícitma, SU víctima, ávida de gritos, de desconcierto general.
Entonces se pasea por las calles fulminando a todos con la mirada pidiendo, rogando, por un motivo, una sola razón que le de esa justificación a medias que necesita.
Sedienta de sangre.
Y si no encuentra motivos (porque la gente suele presentir un aura oscura a su alrededor en esos días y la evita) quizás... quizás provoque ese conflicto, por qué no? en cuyo caso luego perderá un poco la gracia hacerse la inocente y se sentirá culpable, pero en principio es perfectamente funcional al objetivo.
"Dame un motivo, un sólo motivo... Cruzá mi límite medio milímetro y te juro que..."
Afortunadamente (para todos menos para ella -pobre) ya la conocen y la dejan estar y hasta le permiten sus pequeñas maldades (quizás hizo algo bueno para ganarse esa paciencia).
Sólo hubo uno que era distinto pero eso fue hace siglos. Hubo uno con quien esos estados coincidían en días y horarios y jugaban a ver quién gritaba más fuerte (mientras los papeles y las lapiceras corrían a esconderse).
Pero fue hace tanto que casi ni se acuerda...
Él nunca conoció sus pupilas después del atardecer y sólo por eso ella recuerda su pelo tipo carlitos balá y suspira enamorada..
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