Arrojó la moneda una vez y tuvo el rostro de ella entre sus manos.
Otra vez la moneda giró y se paró solo en una esquina, a mirar el tiempo pasar en su reloj.
Otro giro, sus lágrimas, sus besos, el recuerdo…
Cara, su mano, las manos de ella, y esas palabras imperdonables.
Seca, la música que se detiene, los ojos de una perfecta desconocida, y ese deseo imperioso de dejarse caer, de olvidarse de todo, o de correr, de correr hacia ninguna parte…
Y entonces, él atrapa la moneda.
La atrapa y se la queda mirando y detrás de la moneda ve el rostro de ella, ve la promesa y ve el adiós.
-¿Qué ocurre? –pregunta ella.
Y él no sabe qué contestarle, sólo le pasa la moneda en silencio. Ella la observa un minuto, luego se ríe y la arroja al aire.
-Pero… ¿qué estás haciendo? –exclamó consternado. -¡Esa moneda decide nuestro destino!
La moneda caía como en cámara lenta, al tiempo en que ella se aproximaba hacia él, sonriendo.
-Nuestro destino… -murmuró acercándose (y la moneda tintineaba en el piso) –Es no tener destino.
Las pupilas de él se reflejaban con toda claridad en los ojos de ella.
Cara.
Aclaración: La editorial del blog se limita simplemente a publicar estos escritos sin compartir por ello el criterio de su autora.
ResponderEliminarN.E.
PD: Esta historia va dedicada a una amiga a la cual le indigna tanta carolina suelta... Para que vea que también hay de las otras!!
Me encanta porque de todo hacemos un profundo análisis... este relato me gustó mucho más que los anteriores, me hizo reflexionar XD (y eso es pedir mucho en época de vacaciones)...
ResponderEliminarBesote!!